Este artículo explora cómo la violencia de pareja íntima (VPI) transforma el hogar en un espacio de trauma, pero también, cómo luego de la separación, mediante actos de resistencia cotidiana las sobrevivientes resignifican sus hogares, convirtiéndolos en espacios de sanación y seguridad, esenciales en su proceso de reconstrucción de la autonomía y el bienestar.
